Ser estilista y (tratar de) sobrevivir en la industria del porno

Hoy vengo a contar mis miserias, nada de “qué guay es mi vida”, “amo mi trabajo” ni mierdas por el estilo, hoy voy a hablar de la realidad, no de una versión edulcorada y atiborrada de filtros de Instagram.

No es ningún secreto que trabajo en el porno, tampoco lo es el hecho de que soy estilista.
Desde pequeña pasé por varias fases, la de querer ser astronauta, trapecista, princesa, modelo, arqueóloga, egiptóloga y al fin decidí que sería artista. Qué tipo de artista? Ni idea, sólo quería pintar, cantar, esculpir, diseñar ropa, lo que fuera, siempre me ha dado igual, quería probarlo todo.
Crecí y terminé estudiando en una buena escuela de diseño de moda, sacrificando mi economía y la de mis padres.
Terminé diseño de moda en otra escuela todavía mejor y sobretodo más cara, un mundo de fiestas guays, gente cool y mi sueño de ser una diseñadora a la que todo el mundo adorara se abría frente a mi.
Sinceramente, eso duró poco.

Así que empecé a trabajar como estilista en un estudio de fotografía, por eso de hacer contactos y toda esa basura que nos meten en la cabeza.
Allí conocí el horror que habita tras de muchas editoriales preciosas. Niñas que no les dejan comer, niñas sexualizadas contra su voluntad, chicas muy jóvenes aceptando ser tratadas como basura por fotógrafos que lo único que quieren es tratar de acostarse con ellas o hacerlas sentir mal por su aspecto.
No cobraba mal, se me trataba bastante bien, tenía el presupuesto que me daba la gana y estaba aprendiendo mucho. Lo dejé.

Me dije a mi misma que podría cambiar las cosas. De vez en cuando me llamaban de algún estudio para trabajar, algunos mejores otros peores, pero el machismo era el mismo, así que en un intento desesperado traté de publicar mis primeras editoriales. Ninguna revista mainstream me las aceptaba.
Tras preguntar mil veces, me contestaron, el problema es que no usaba modelos de agencia. Esas chicas a las que vestía no cumplían con los estándares.
Un fotógrafo trató de ayudarme pasándome el contacto de una agencia que cedían “new faces” de intercambio. Nunca llamé.

No pillé la lección así que empecé a estudiar estilismo de indumentaria, por si podría terminar encontrando la manera de publicar editoriales o trabajando en el cine.

Y así es como sin darme cuenta empezó mi escalada hacia el porno.

La história de Black Mind ya la conocéis (bueno, en realidad no). Pero supuso adentrarme en una industria que amo y detesto a partes iguales.

Ser actriz y directora de cine porno feminista te da para ir tirando un poquito, pero no cuentes con pagar tus facturas con ello.
Las cams ya no eran lo que solían ser, un curro “convencional” no gracias, así que me decidí por presentar mi currículum como estilista a varias productoras y directores.
Trabajé un par de veces con algún director y sinceramente lo que vi allí solamente puedo catalogarlo de abuso.
Chicas pasándolo mal, pidiendo parar el rodaje, el rodaje no se para o si se decide darle un descanso se hace a malas, insistiendo en seguir, chillando o poniendo caras de agobio. Cómo si esa chica fuera idiota, un estorbo.
Luego todxs tan amigxs, eso nunca lo entendí.

A nivel personal yo también era un estorbo, era ninguneada, nadie entendía cual era mi función allí. Para qué vas a vestirlas si lo que queremos es desnudarlas? Porqué preguntarles con qué se sienten mejor? Qué sentido tiene vestirlas bonitas si ya están buenas?
*Ah, si, apunte. Nunca he vestido a un chico en el mainstream, se da por hecho de que ellos no importan, son simplemente un pene.
Allí estaba yo, una mujer feminista tratando de hacerle entender a un señor que las cosas se pueden hacer bien, que el porno puede ser ético, estético, que los hombres también deberían verse bonitos y que el placer de la actriz es también importante.
Salí corriendo de allí.

Como todo en la vida, por casualidades una colega me puso en contacto con un director para hacer una escena.
La escena nunca llegó, pero terminé trabajando en su productora. Él quería darle otro rollo estético, quería hacer porno ético, salirse de los cánones  sin dejar de hacer mainstream. Un rayo de luz, hay esperanza, no todo el mundo es horrible!
El trabajo está mal pagado, no cobro ni la mitad de lo que gana una ayudante de estilismo en publicidad, pero el reto me vale la pena, empiezo y soy feliz.
Qué poco dura.

Tirar adelante una productora no es fácil, el porno pasa por uno de los peores momentos y al final las grandes empresas terminan absorbiendo a las que no lo son tanto.
Todo cambia, los tubes no quieren escuchar las palabras “feminismo”, “ética”, “placer de la mujer”, sólo quieren beneficios. Entonces tu trabajo y la de todo tu equipo se resume en una lucha constante para justificar tu puesto, hacer entender la importancia de un argumento sin clichés, tratar de señalar el racismo, la falta de buen gusto…
Tu curro es un batalla por hacer tu trabajo bien pese a que eres mujer y nadie te escucha.

Tengo la suerte de trabajar junto a  compañerxs que merecen la pena, pero no sé si voy a soportar mucho tiempo más  el malestar que me provoca ver según qué situaciones, también me planteo, “¿cómo puedes ser que en tan poco tiempo que he estado en el mainstream haya visto cosas tan graves y gente que lleva años parece que nunca hayan presenciado escenas de abuso?”.

Por lo menos me quedo con todo lo aprendido y me reafirmo en que el porno mainstream tal y como se plantea debe de ser destruido para dar lugar a una pornografía ética y para todxs.

 

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2 thoughts on “Ser estilista y (tratar de) sobrevivir en la industria del porno

  1. Antonio Robles dice:

    Algunas de esas cosas no las conocía. En general ¿Crees que puede haber un porno “unisex”? A mí me da la sensación de que el erotismo es demasiado diferente entre hombres y mujeres como para que haya un terreno común. Se me ha ocurrido cuando has comentado eso de que los actores también deberían verse bien.

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    1. anneke necro dice:

      Hola Antonio,
      Ya existe un porno no binario, queer, feminista y que contempla las diversas formas de deseo.
      Dices que el deseo entre hombres y mujeres es distinto y yo te digo que eso es una construcción social, a los hombres se os ha dicho qué desear y a las mujeres simplemente se nos ha negado la sexualidad.

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